La década de los 80 fue prolífica en películas de ciencia-ficción protagonizadas por robots. A ello seguramente contribuyó el éxito de la trilogía de George Lucas, los buenos resultados de "Terminator" y el novedoso interés de la sociedad por la robótica. Ello devino en numerosos subproductos de serie B amparados en la umbría de esta última.Unos productos que, sí bien en su mayoría no pasaron de ser vulgares memeces, también es cierto que alguno que otro consiguió salvar el tipo. Uno de esos trabajos, aunque de calidad muy limitada, fue "Cortocircuito", producción bobalicona y netamente infantil que jugueteaba con la idea de máquinas que adquirían conciencia de sí mismas, de su existencia y, por tanto, de su posible fin.
No obstante "Cortocircuito" no se complicó la vida. Una vez sentadas las premisas básicas, la historia se tornaba en una insípida aventurilla cómica cuyas líneas elementales bebían con bastante descaro de los relatos de Asimov. Sin embargo en su momento gozó de bastante atractivo, especialmente entre los críos.
En resumen: Aventurillas infantiles de un robot acongojado ante la muerte. A día de hoy provoca sonrisas nostálgicas.