Última, inconfesa y memorable película de la fistrología. Primero se atrevió con el western, luego con el cine de horror (poético) y por último concluyó su corta pero carismática carrera protagónica con un melodrama de tintes bergmanianos y claras alusiones al cine de Rohmer. Magníficamente dirigida, con Chiquito ajustándose a la perfección a su complejo personaje ( Qué pena que Arrocet no salga, su interpretación resulta siempre harto gratificante), una fotografía de ensueño y una emotiva banda sonora a lo Miklos Rósza. A todo esto, hay que añadir la enriquecedora presencia de Chiki el mono, un verdadero animal de la actuación. En resumen, una película emocionante, estremecedora y de infinitas capacidades cinematográficas, injustamente marginada por la necedad de los pseudocinéfilos que pueblan este basto (Nunca vasto) país. Obra maestra absolutar, y si no, que me pinchen el diodeno.