Woody Allen construye un falso documental a partir de un hombre que se transforma literalmente en las personas que le rodean, como un mecanismo de defensa ante su soledad e inadadaptación en la sociedad.En un principio se ve como algo pintoresco, pero como bien dice Waster, la cinta esconde una crítica social profunda, como en la mayoría de las obras de este genio neoyorquino. Está muy bien hecha, el guión es magnífico y las actuaciones de Allen y Farrow ejemplares. La fotografía buenísima.Allen emplea una técnica de manipulación de imágenes, consiguiendo aparecer en pleno discurso de Hitler o al lado del presidente de EEUU. Un recurso que también se utilizaría en Forrest Gump. Y como estamos ante un film de Allen no podían faltar pinceladas de humor magistrales como las hipnosis de su personaje, Leonard Zelig, o sus estramboticas transformaciones. Años después, Allen volvería a rodar un falso documental en la, para mi, otra obra maestra Acordes y desacuerdos.