William Castle vuelve a la pantalla , que no al cine . El nuevo simplicismo panfletario recurría al experimento " ilusión " , efecto optico consistente en ver a manera disociada espectros de luz y " fantasmas " merodeando por la sala de proyección . El elemento al margen , el filme , no exenta de concesiones comercialoides de época ( vease la casa de cera ) goza , a deprecación del autopublicismo incolumne ( y su metodología inimitable ) de un montaje y fotografía impecables ( a razón su éxito ilimitado ) . Por el resto , ingenuidad desde el minuto cero y tintes imprecisos de comedieta que , a modo de ver, son permisivos , desde el siempre digno enfoque autocrítico , como sátira a la recreación y producción masificada de cine de terror limado de orfebrería manual ( vease Torneur o el posterior Cassavetes ) a gala del puro espectaculo aristotélico , en fervor a la dinero-mercancia , al prefabricado sabático como fórmula empresaria eficiente . A todas luces , a buen ojo crítico , prenscindible .