Propuesta coreana de Park Chan-wook que nos presenta una película de vampiros direrentes y que resulta algo fallida. Su principal problema es su indefinición temática, con diferentes géneros que se van solapando sin decidirse completamente por ninguno: por momentos es el drama de un sacerdote con una crisis de fe, otras veces es una película de vampiros con algo de gore, un apasionado film erótico o a ratos una comedia negra. Esta inconcreción en el tono hace que todo quede diluido y que uno no sepa muy bien como tomárserla, amén de un abultado metraje que también acaba perjudicando al conjunto, ya que se hace tediosa por momentos. A su favor, algunas escenas excelentemente rodadas y con mucha fuerza y la magnífica interpretación de los dos protagonistas, Son Kang-Ho y Kim Ok-Bin, que aguantan el peso de la película. De las películas coreanas que nos han llegado últimamente, me parecieron mucho mejores Mother, de Joon-ho Bong y, sobretodo, la soberbia I Saw the Devil, de Kim Ji-woon.